Una anécdota, -contada por Luis Boerr, vicedirector del Hospital Alemán- refleja como pocas el cambio de época de la medicina: “Cuando yo era chico, mi padre, también médico, era recibido en las casas de Temperley de un modo muy especial: con una toallita caliente para higienizarse, un frasco con alcohol y mucha amabilidad; después lo invitaban a probar lo que habían cocinado… La gente trataba al médico como si fuera Dios. Hoy, en cambio, es una persona común, que puede cometer errores”.
Boerr es, además, presidente del Congreso Internacional “Una visión crítica de la terapéutica médica”, que se realizará en la institución en la que trabaja entre el jueves y el sábado que viene, por su aniversario número 40. No es casualidad que el evento trate este tema del nuevo rol de los médicos en la sociedad. A él ni le hace falta aclarar que lo que le ocurría a su padre ya no sucede. No son pocas las noticias en la que se descubre cómo, en pocas décadas, el médico dejó su lugar de intocable para pasar a convertirse, más bien, en un ser cuestionado (desde los juicios por mala praxis hasta las agresiones que sufren hoy en los hospitales).
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